Familia y Parentesco
viernes, 28 de noviembre de 2014
GERMÁN CORTES TOCAREMA
REFLEXIÓN: COSMOVISIÓN NATIVA PARENTESCO
Los
territorios ancestrales tienen
un profundo valor
espiritual para los
pueblos indígenas y
tribales. Además, los pueblos indígenas
y tribales consideran que ciertos lugares, fenómenos o recursos naturales son
especialmente sagrados de
conformidad con su
tradición, y requieren
especial protección. Los
territorios y recursos
naturales de los
pueblos indígenas y
tribales son un
elemento constitutivo de
su cosmovisión y
su religiosidad, (cosmogonía),
dado que para ellos, los conceptos de familia y de religión se conectan
íntimamente con los lugares donde los
cementerios ancestrales, los lugares de significado e importancia religiosos y
los patrones de parentesco se han desarrollado a partir de la ocupación y uso
de sus territorios físicos.
Somos
los hijos de la madre tierra y todo lo que está en el contorno de cada uno de
los miembros o de los comuneros tiene una relación directa, con cada uno de los
fenómenos naturales y de las demás especies vivientes que son nuestros hermanos
menores. Los mohanes que son nuestros guías espirituales siempre nos entregan a
cada líder una antorcha de conocimiento para que caminemos por los senderos de
la sabiduría, conservando nuestra identidad como legado de nuestros abuelos
ancestrales.
Carta
de una "ñiña" “a cargo” de otra niña:
Éste
es un grito, una forma de exponer la maraña de sensaciones y emociones casi
tensionantes que a diario me acompañan, una forma de alivianar y entender ¡¿por
qué?!...¿A qué me refiero? a que no sé cómo ser mamá.
Si
enunciará mi problema desde la categoría de infancia -acuñada por occidente
bajo la lógica lineal y evolucionista que acompaña a casi todos sus postulados-
sería legal pero no legítima mi
maternidad. Para la constitución no es delito si tengo más de 14 años; sin
embargo, las miradas de censura en la calle y las palabras violentas en el
hospital hablan de una moralidad en torno a la maternidad de mujeres jóvenes.
Desde que tuve panza, me enfrenté a múltiples situaciones en las que mi estado
era desaprobado y en donde pasaba de ser una mujer embarazada a ser una “bruta”
o “criminal”.
Mariana y apareció otro tipo de violencia. Creo que se mantiene esa linealidad
en la mente de las personas: todos los mayores que podrían estar a mi cargo se
atribuyen el derecho naturalizado de decirme qué hacer; decirme qué hacer con
otro ser con el que comparto posición: mientras los mayores me dicen qué hacer,
se asume que yo tendría que decirle qué hacer a Mariana. Si antes me jodían la
vida interviniendo mis gustos, diciéndome cómo vestir, qué palabras usar, ahora
me joden porque tendría que adoptar una posición parecida para “formar” a
Mariana.
Me
confundo. Por un lado recuerdo como si fuera ayer mi infancia (en realidad no fue
hace tanto) y sé qué tan molestas pueden llegar a ser algunas actitudes
paternales. Por otro lado, soy nueva en esto de educar…y parece que lo que
dicen y hacen los papas con los hijos resulta ser muy influyente en la vida de
la gente.
La
confusión se ha convertido en rabia. Ahora entiendo que esa jerarquización tan
occidental en la que el adulto debe acompañar al infante hasta que pueda ser
una persona civilizada, y sobre todo, productiva y potenciadora del sistema,
está acompañada de otras categorías que nos ubican a mi hija y a mí como
sujetos subordinados. No sólo somos hijas de subordinados, sino que esos
subordinados, a su vez, reproducen esquemas subordinantes de manera tan
natural, que intentar explicarles que hay una lógica que subyace a ellos y que
los juicios que lanzan devienen de nociones y prácticas coloniales, resulta
inoficioso.
Estos
subordinados que subordinan están por todas partes. Mujeres que rechazan que yo
estudie en vez de estar cuidando a mi hija. Hombres que rechazan que trabaje en
vez de estar haciendo oficio en la casa. Gente que rechaza mi movilidad porque
asumen que una mamá debe estar quieta, en la casa. Gente que no entiende que
prefiero comprarle cuentos a Mariana porque odio las barbies. De esa gente hay
por muchos lados y es esa gente la que también influencia a Mariana. Acá es
donde sitúo mi preocupación ¿cómo explicarle a Mariana bajo qué lógicas nos
están educando a las dos? ¿cómo explicárselo si mi misma movilidad –ella va al
colegio mientras yo voy a la universidad, ella está con su abuela materna los
fines de semana, tiempo que dedico para hacer actividades que me gustan como
montar en bicicleta por la sabana- genera que sobre ella recaiga de manera
directa la narrativa de la gente que ha naturalizado los discursos de cómo ser
mujer?
Ahora
Mariana me pide que la perfume y le pinte las uñas; antes me molestaba, ahora
entiendo que la mujeres vanidosas también pueden tener conciencia de clase, de
género, de raza. Pero, Mariana tiene 3 años, no puedo pretender que ella ya
tenga ese tipo de conciencia sobre las categorías de jerarquización que recaen
sobre las dos. Me da rabia porque quien le enseña a pintarse las uñas, lo hace
pensando que Mariana tiene que crecer para ser bonita y tener plata, nada más.
Es
un dilema inacabado. Es un dilema situado en un tiempo y un espacio
específicos. Un espacio que condiciona al tiempo de manera tal que es bajo el
tic tac del reloj que todo mantiene un ritmo, el ritmo de la producción. El
sistema regula mi tiempo y yo, una muchachita con ganas de hacer mil vainas me
veo obligada a escoger entre lo urgente y lo importante. Siento que mi rabia ha
perdido su rumbo, siento que debería dirigir mi rabia para alimentar procesos
que necesitan de mujeres confundidas pero con dignas molestias. Como diría
aquella mujer que escribió un desnudo
integral en México: me siento huérfana de causa…si alguien quiere adoptar
mi rabia y conversar sobre lo difícil que es ser mujer, “mestiza”, de clase
media pero con recursos de una persona “pobre”, y co-crear estrategias para subvertirlo
y que así Mariana crezca en un mundo menos violento, bienvenida (o) sea.
Daniela.
Maria Fernanda Ríos
Partiendo por la propuesta de una lectura
desde el género y la interseccionalidad, logré generar una lectura mucho más
amplia de lo que esperaba entender al escuchar las palabras "familia"
y "parentesco". Más allá de pensar en lecturas esquemáticas de las
relaciones consanguíneas de las familias , conseguí entender que la historia
contada desde el colegio que indicaba que las estas son la célula de la
sociedad, no es más que un relato ficticio y naturalizado que predispone las
condiciones de género y los roles que se deberían desempeñar, incluso
etareamente. Así, las mujeres están “destinadas” por su naturaleza a ser madres
y los hombres como “proveedores”.
Dotar de importancia a la familia como
cimiento de la sociedad, considero, ha sido un grave error que ha generado una forma
ideal de sociedad que en la realidad, está completamente fracturada. Lo que
podría considerarse como “normativa familiar”, por ejemplo, la prohibición del
incesto, la maternidad impuesta biológica, la minoría de edad, la obligación de
los afectos de padres a hijos o viceversa, la supuesta obligación del padre
como “jefe del hogar”, entre otros, son situaciones que no se cumplen a cabalidad en ninguna familia del mundo. Lamentablemente,
las familias también han tejido los cimientos y han provocado la reproducción
de un modelo patriarcal y machista, a través de sus prácticas como el no reconocimiento
de la doble jornada de las mujeres, la economía doméstica y el exagerado uso de
la violencia como método sistemático para perpetuar el supuesto “dominante”
sobre la “dominada”. Así, encontramos que los hogares, familias o como decidan
nombrarse, resultan siendo uno de los escenarios más violentos para las
mujeres.
Jueves 26 de Junio de 2014 - 12:13 PM
Mujeres: más vulnerables en sus casas que en la calle
Mujeres: más vulnerables en sus casas que en la calle(Foto: Colprensa/ VANGUARDIA LIBERAL)
Mujeres: más vulnerables en sus casas que en la calle
Mujeres: más vulnerables en sus casas que en la calle(Foto: Colprensa/ VANGUARDIA LIBERAL)
La casa, en muchos casos, se ha convertido en el lugar más inseguro para las mujeres en Medellín y Antioquia, según los reportes sobre las vulneraciones de derechos cometidas contra ellas. Justo en la casa ocurren gran parte de los hechos que redundan en denuncias ante autoridades locales y organismos de derechos humanos con mujeres como víctimas.
Una puñalada por la espalda, a traición, acabó con la vida de Ana María Orrego Monsalve, de 26 años, madre de un niño de siete. El cadáver fue encontrado la mañana del pasado viernes 20 en su casa, en San Antonio de Prado. Testigos indicaron que sostuvo una discusión con su pareja la noche anterior y él es el principal sospechoso por el crimen. Tras el señalamiento, se desconoce su paradero.
Éste, el más reciente ejemplo de violencia contra la mujer en la ciudad, está muy presente para el concejal Luis Bernardo Vélez, integrante de una comisión accidental que les hace seguimiento a las vulneraciones contra las mujeres, así como a las organizaciones de derechos humanos y, especialmente, a aquellas comprometidas con el género femenino.
"Nos preocupa que esta mujer ya venía denunciando actos de maltrato por parte de su compañero y sus denuncias no fueron atendidas con eficacia", sostiene el corporado.
Y la preocupación no se limita a los casos mortales, organizaciones feministas reclaman además acciones contra la violencia sexual —que muchas veces se origina en los hogares— y posibilidades de acudir ante las autoridades sin que las diligencias impliquen hacer público su agravio y recavar en la ofensa.
Con el riesgo en casa
La secretaria de Equidad de Género de Antioquia, Patricia Builes, sostiene que desde niñas a las mujeres se les forma en la idea de que el espacio público es un lugar altamente inseguro para ellas y que el único lugar donde pueden estar protegidas es en el hogar. Y, sin embargo, esta sensación de seguridad asociada con el hogar es contraria a lo que ocurre en la realidad.
Según informa el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, los hombres suelen ser violentados en sitios públicos, a manos de desconocidos. "Por el contrario, el lugar donde las mujeres sufren mayor grado de violencia es el hogar, a manos de sus parejas y exparejas. Sin embargo, son las mujeres quienes expresan una mayor sensación de inseguridad en los espacios públicos, y quienes restringen en mayor medida sus vidas por el miedo a transitar por determinadas zonas o a determinadas horas."
Datos del Sistema de información para la Seguridad y la Convivencia (Sisc), recogidos por el personero Rodrigo Ardila, señalan que en 2013 se registraron 5.176 víctimas de violencia intrafamiliar en Medellín, de las cuales 4.318 fueron mujeres (el 83,4 por ciento de los casos).
De igual manera, el Sisc dio cuenta en 2013 de 938 denuncias de delitos sexuales contra mujeres en la ciudad: en 255 de los casos el posible victimario es un pariente, en 88 de las denuncias se señala al padre de la víctima, en 61 casos el presunto agresor es el padrastro, en 33 casos es un tío, en 30 más es el abuelo y en 18, otros familiares.
Las mismas cifras oficiales señalan, además, 69 asesinatos de mujeres para 2013. Aunque hubo un descenso desde 2010, cuando fueron 135, 23 de estos casos correspondieron al entorno de la intimidad, teniendo como implicados a la pareja sentimental, familiares, la expareja o amigos.
Este contenido ha sido publicado originalmente en Vanguardia.com en la siguiente dirección: http://m.vanguardia.com/actualidad/colombia/266577-mujeres-mas-vulnerables-en-sus-casas-que-en-la-calle. Si está pensando en hacer uso del mismo, por favor, cite la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. Vanguardia.com
La
gran inquietud que suscita la clase consiste en generar una postura crítica
desde la disciplina, desde los métodos o desde el mismo compromiso por la
solidaridad de las luchas reivindicativas de nosotras.
Comparto
esta campaña peruana que me pareció muy interesante, desafortunadamente a más
de uno que ingenuamente considera no ejercer ninguna forma de violencia contra
nosotras, está totalmente errado.
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